feed Suscribirse (por RSS)

email Suscribirse (por correo-e)

Pijos, bo-bos y bobos a secas

El pijo: Ideas generales

Se conoce como “pijo” a una especie de mamífero bípedo que es capaz de intercalar las palabras “qué fuerte”, “sabes”, “o sea”, “súper” y “mega” más de 20 veces por minuto, en cualquier conversación y de forma espontánea. Es característica la combinación de estos vocablos entre sí (“es súper-mega-fuerte”, “o sea, qué fuerte”… etcétera), y muy habitual que lo hagan con una marcada rinolalia y una vocalización sui generis que incluye dificultades para pronunciar la b intervocálica1, tendencia a arrastrar las eses y una entonación descendente al finalizar las frases con prolongación de las vocales finales.

La pijez se manifiesta de forma especialmente intensa durante la adolescencia y juventud temprana, pero suele arrastrarse (en grado variable) durante el resto de la edad adulta; si bien es cierto que las alteraciones del lenguaje tienden a remitir con la edad, son compensadas por otras (vinculadas con la capacidad económica) que se intensifican.

Vemos a continuación un vídeo que ilustra gran parte de los conceptos anteriores:

Aunque hemos recurrido al vocabulario como instrumento para definir a los pijos también podríamos haber utilizado sus costumbres sociales, su vestuario o incluso sus nombres. Pero no pretendemos escribir aquí una enciclopedia de la pijez, así que dejaremos de lado lo relativo a sus costumbres y atuendos (bien conocido, y suficientemente documentado en otras páginas de la Red) y sólo mencionaremos que suelen llamarse Álvaro, Pablo, Ignacio (Nacho), Alonso, Jacobo, Gonzalo, Covadonga (Cova), Maria de los Ángeles (Marian), Elena, Natalia, Lourdes y Francisco de Borja (Borja); también abundan los apócopes casi imposibles y rozando lo obsceno, especialmente entre las pijas: Piyi, Chichi, Kika
Lee el resto de esta entrada »

  1. Por ejemplo, convirtiendo “sabes” en “saes”.

Abstenerse inmigrantes

Ese es llamativo titular de una noticia publicada en “El Mundo” digital hace unos pocos días. Parece que cada vez abundan más los anuncios inmobiliarios en los que, sin cortarse un pelo, el arrendador especifica: “Abstenerse inmigrantes”.

Hace sólo dos semanas el mismo periódico publicaba otra noticia simular: Una tienda1 de Alcudia (Mallorca) exhibía un cartel en la entrada prohibiendo la entrada a “perros y rumanos”.

¡Qué asco, por Dios!

Y yo me pregunto: Además de las consabidos rasgados de vestiduras de los alcaldes de turno y demás personajes y personajillos que se citan en los artículos (… ni se menciona a jueces, policías o fiscales…) ¿No se puede hacer nada? ¿¿PERO ES QUE ESTAS COSAS NO SON DELITO EN ESPAÑA?? ¿En qué país vivimos?

En el Reino Unido2 existe una figura legal, el llamado “delito de odio” (o “hate crime”), que admiro y en cierto modo añoro. Resumo (libremente) cómo lo explica el Home Office en su página web:

Un “hate crime” es cualquier incidente que constituya una ofensa criminal cometida contra una persona o sus propiedades, y que sea percibido por la víctima o cualquier otra persona como debida a prejuicios u odio a su…

  • … raza, color, origen étnico u origen nacional,
  • … religión,
  • … sexo, identidad sexual u orientación sexual,
  • … discapacidad.

El “hate crime” tiene mútiples formas, incluyendo:

  • Ataques físicos (como asaltos, daño a las propiedades, pintadas ofensivas o acoso).
  • Amenazas de ataque (como cartas amenazantes, llamadas telefónicas abusivas u obscenas, reclamaciones maliciosas).
  • Abusos o insultos verbales (como folletos o carteles ofensivos, gestos despreciativos o acoso en el trabajo o la escuela).

Yo quiero una cosa así en España; y que conste que quien me conoce sabe que no me caracteriza precisamente mi gusto por las muchas leyes ni por las prohibiciones, más bien todo lo contrario3.

Y además se ha perdido una buena oportunidad: Si en vez de hacer un ministerio de “igualdad” entre hombres y mujeres hubiéramos hecho uno de “igualdad” entre  personas a lo mejor (… sólo a lo mejor) algún organismo público se habría dado por aludido con los anuncios de “abstenerse inmigrantes” o de “perros y rumanos no”.

Pero no. Spain is different.

  1. De informática y de la cadena Beep, lo hago constar para su pública humillación y para saber dónde no ir a comprar.
  2. Donde, por cierto, sí es un delito encontrarse ilegalmente (”sin papeles”) en el país.
  3. Y si pudiera “importar” sólo dos leyes, dos, esta sería una y otra sería una buena ley de libertad de acceso a la información. Es lamentable que en España ni exista… ni se la espere.

Me gusta mi barrio

Madrid me gusta.

Y mi barrio me gusta mucho. Mantiene un cierto espíritu castizo y familiar, con tiendecitas donde te dicen “ya me lo pagará” si no tienen cambio y gente que se saluda por la calle. A pocos metros de mi casa hay una mercería por la que no ha pasado el tiempo, una tienda de periódicos (no hay kioscos en mi barrio: la prensa aún se vende en pequeños locales), un carnicero que nos conoce a todos y un panadero que no sólo nos conoce por nuestros nombres y apellidos, sino que además sabe exactamente a qué nos dedicamos (y, por supuesto, qué compramos) cada uno.

Es evidente que no vivo en la “milla de oro”: muy, muy cerca de aquí está la “colchoneria Mary’s”, que  hace algunos días puso un cartel anunciando:

MES DEL COLCHÓN

Si compra un colchón le rebajamos un montón

Es literal, lo juro; difícil será que a Mary’s le den un premio en Cannes por su publicidad, ni falta que le hace.

Ayer un comerciante de la zona me regaló una planta para mi terraza, porque dice que “es la más bonita de la calle”; no recuerdo haberle dicho nunca dónde vivo exactamente, pero lo sabe. Todos lo saben: en el bar donde a veces desayuno, en la peluquería… sé que saben que mi terraza es “la de las flores”. Y sé que saben que mi vecina y yo somos primos, y seguramente más cosas que nunca les he contado. También yo sé dónde viven, dónde han nacido y a qué colegios van sus hijos; no sé por qué, per