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Desciendo del Rey Teodorico
Tema: Escepticismo, Sociedad, Varios(En realidad desciendo de TODOS los reyes godos – pero ya llegaremos a eso)
Existe gente que alardea con cierta frecuencia de su pasado familiar supuestamente ilustre – y más aún que de forma casi continua pretende impresionarte haciéndote ver lo elegantes, ricos y numerosos que son sus amigos, conocidos y relaciones en general.
Estos últimos son los maestros del “name dropping” (intercalar en la conversación infinidad de nombres y apellidos rimbombantes, sin venir a cuento y por el mero hecho de hacerlo… y de que el otro los escuche). Confieso que a mi lo del “name dropping” me ataca los nervios, por varias razones:
- Para empezar porque el objetivo del “name dropper” es impresionar. Y la verdad es que a mi no me impresiona nada que alguien haya estado dando “unos tiros” con Gonzalo Poláinez (de los Poláinez de-toda-la-vida) o “unas bolas” con Chichita del Pino Enhiesto. No me impresiona, pero sí me transmite la sensación de que la persona que me lo cuenta cree que sí va a hacerlo… o sea, que parte de la base que soy un cateto, un “parvenu”, un lelo o las tres cosas a la vez1.
- Segundo porque el “name dropping” es falaz, y lo falaz me irrita. Aunque el “name dropper” lo ignore (ignora tantas cosas…) los esquemas mentales que hay tras su comportamiento tienen mucho que ver con las falacias de apelación a la autoridad (“magister dixit“, “argumentum ad verecundiam“… ), que no sólo me parecen de las más cargantes de las falacias sino, además, de las que transmiten peor pronóstico sobre la inteligencia de quien sistemáticamente cae en ellas.
- Tercero, porque las personas así acaban despistándome. Tienen tanta facilidad para decir que fulano “es muy amiguete” suyo, que“conocen muchísimo” a zutano… que llega un momento que, de verdad, no sabes a quién conoce y a quién no o quién es amigo suyo y quién no lo es2.
Pues yo he decidido que no puedo ser menos, y me he puesto a buscar mis raíces (que, puestos a fardar, es mejor hacerlo de la familia de uno que de la familia de los que uno conoce). No puedo, o no me apetece, pagar los servicios de un genealogista para que construya mi árbol, pero se me ha ocurrido un enfoque alternativo: las matemáticas, una de las pocas “herramientas de verdad” absoluta (o casi absoluta) que existen en el mundo. Y puedo adelantar que los resultados han sido más que satisfactorios.
He partido de dos supuestos, que sin ser absolutamente irreprochables sí creo que están lo suficientemente bien elaborados como para no afectar decisivamente al resultado final de mi análisis (… y si alguien tiene algo que objetar al procedimiento nada como decirlo aquí):
- Por un lado he buscado datos históricos sobre la población española, y he construido un gráfico con ellos. Este:

- Por otro he calculado el número de mis antepasados directos. Para simplificar el proceso he hecho algunas suposiciones, que seguramente no son del todo exactas pero que tampoco son descabelladas en absoluto ni se desviarán mucho de la realidad:
- Vamos a empezar a contar desde el año 2000 hacia atrás, por eso de que los números redondos son más fáciles y vistosos.
- Supongamos que cada 25 años hay una generación. O sea: vamos a suponer que en el año 1975 vivían mis dos padres; en el 1950 mis cuatro (22) abuelos, en el 1925 mis ocho (23) bisabuelos, en el 1925 mis 16 (24) tatarabuelos, en 1900 mis 32 (25) tatara-tata-buelos3… etcétera. Se entiende y es razonable, ¿verdad? .
- El resultado, también en un gráfico (esta vez logarítmico), es el que sigue. Puede parecer sorprendente… pero hay lo que hay, qué le vamos a hacer:

- Por último he combinado los dos gráficos en uno, ¿a que se veía venir?:

¡Albricias! ¡Funciona! – Un primer análisis de la tabla me hace llegar a las siguientes conclusiones:
- Es muy probable que yo descienda directamente de Isabel la Católica, pues por esas fechas prácticamente todos los españoles eran mis tatara-tata-tata-. . .-tatabuelos (… o mis tatara-tata-tata-. . .-tatabuelas, claro está).
- Es matemáticamente seguro que desciendo, también directamente, de personajes ilustrísimos como Alfonso X “El Sabio”, Guzmán el Bueno y el mismísimo Don Pelayo4.
- Adicionalmente, y ya rompiendo fronteras, también es seguro que desciendo directamente de Julio César, Alejandro Magno, Aristóteles y la Reina Boadicea: el número de antepasados míos (directos, insisto) que pululaban por aquella época era varias veces superior a la población del planeta Tierra.
En resumen: Vuestro bloguero es fino, refino, finísimo. Cosa que, todo sea dicho, yo ya sabía antes de hacer estos números.
Cuatro corolarios y comentarios adicionales:
- No me importará nada que los “name-droppers” que lean este blog digan a partir de ahora: “Pues el otro día estaba yo leyendo el blog de Enrique – que por cierto es descendiente directo de Cleopatra5…” Mientras den la dirección y me hagan publicidad por mi no hay problema.
- Mis avezados lectores se habrán percatado de que el análisis también es aplicable a ellos. Pues nada, enhorabuena: no soy egoista y no me importa compartir mi condición de aristócrata, y menos con la gente que lee mi blog.
- Además se habrán dado cuenta de que son primos míos. ¡Hola, primo!
- Y (como los primos somos todos muy listos) alguno habrá que haya olido a chamusquina, que se haya dado cuenta de que… bueno… de que aquí hay algo “raro”, algo que parece no cuadrar; de que no parece demasiado verosímil (por ejemplo) que en el año 700 hubiese más de 4.500 billones de tatara-. . .-tatabuelos míos (perdón: nuestros) pululando por la tierra.
Y es cierto: Hay un fallo, además muy interesante. El error del planteamiento está en que no debemos suponer….
… perdón, un momento…
(Lo siento, pero lo tengo que dejar aquí: Me llama por teléfono mi amigo Diego Hipólito Félix de Cantalicio Afán de Ribera Alfoz, y va para largo).
- Cree el ladrón… ↩
- No olvidaré nunca, hace ya varios años, una situación surrealista en la que un personaje (que, por ejemplo, jamás se cansaba de recordar a todo el que quisiera escucharle que su novia era íntima amiga de X, siendo X=una_persona_con_poder_político) me discutía con vehemencia los nombres de los hermanos de un amigo mío (de un amigo mío muy cercano, de verdad, de toda la vida) – que él decía “conocer muchísimo” (cómo no). No daba una, claro, pero insistía. De p’aberno matao. ↩
- O como se diga, ¿alguien lo sabe? ↩
- Me plantearé solicitar mi derecho al trono de España, y quizás a algún otro. A fin de cuentas Alfonsito de Borbón tiene más o menos las mismas posibilidades de ser Rey de Francia algún día que yo de serlo de España y con la historieta él sale en la Wikipedia y el Hola!, ha “pillao” millonaria… ↩
- O de quien ellos prefieran, a elegir ↩
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