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Médicos y laboratorios: No, gracias

El otro día leí en algún sitio que se había constituido en España una plataforma de médicos que pretende “modificar” (lease “adecentar”) las relaciones de la profesión (médica) con la industria farmacéutica. La noticia me interesó: soy médico (aunque no ejerza), y siempre me ha llamado la atención el deplorable nivel ético que, en mi opinión, suele gobernar dichas relaciones.

Hoy le he seguido un poco la pista al tema, con una sesión de navegación por Internet de esas “de las buenas” (de las que se sabe dónde empiezan pero no dónde acaban). Y… ¡albricias! - he encontrado cosas curiosas.

Sobre la plataforma en cuestión: Se llama “No, gracias”, y por lo que cuentan en su página web pertenecen a un movimiento internacional, llamado “no free lunch1.

Sobre la industria farmacéutica: “No gracias” proporciona algunos datos interesantes:

  • La industria farmacéutica dedica el doble de recursos a márketing que a investigación y desarrollo; los datos de EE.UU. y España son similares: alrededor de 12000 Euros por médico y año.
  • Su Inversión en márketing (32% de las ventas) es mayor que en I+D (14%). Pfizer o Johnson & Johnson dedican más dinero a márketing que Coca-Cola o McDonald’s.
  • El 75% de los trabajos en revistas de mayor prestigio (Annals of Internal Medicine, JAMA, The Lancet, The New England Journal of Medicine, BMJ…) son financiados por la industria. Estos estudios tienen una probabilidad cuatro veces mayor de obtener resultados favorables a la compañía que los subvenciona que los que han sido financiados por otras fuentes.
  • Según el informe del PNUD del 2001 la industria farmacéutica es la más rentable de todas las industrias lícitas; por encima de la banca, las telecomunicaciones o la informática. Como media las farmacéuticas tienen unos beneficios netos equivalentes al 18% de sus ventas.
  • El volumen de ventas de muchas farmacéuticas supera el PNB de muchos países. Por ejemplo, en el año 2004 Pfizer facturó 52516 millones de dólares, más que el PIB de Uruguay o Eslovenia ese mismo año.
  • Sólo el 0,2 % de la investigación farmacéutica se dedica a enfermedades responsables del 25 % de las muertes en el mundo, y sólo el 1% de los fármacos comercializados se dirigen al tratamiento de las enfermedades más específicas de países en vías de desarrollo. La investigación de estos fármacos no es rentable económicamente, pues el 90% de la producción mundial de medicamentos es consumido por el 10% más rico de la población.

Sobre la regulación en España: Existe (¡aleluya!), y está recogida en el “Código Español de Buenas Prácticas para la Promoción de Medicamentos” elaborado por Farmaindustria (la patronal del sector), complementado con el acuerdo internacional de la EFPIA. Ambos documentos están disponibles en Internet.

Pero… (siempre hay un pero)…

  1. O ese código (de nombre tan bonito y sonoro) tiene la misma credibilidad que Hansel y Gretel,
  2. O da la puñetera casualidad de que todos mis amigos médicos (y sus “visitadores”) son la excepción y los auténticos “reyes del cohecho”, pues el código prohibe explícitamente la inmensa mayoría de las cosas que ellos hacen habitualmente - gentilmente “patrocinados” por los laboratorios.

Obviamente me inclino por la primera posibilidad2.

Más sobre Farmaindustria: Resulta que esta asociación dispone de una “comisión de seguimiento deontológico”, que supuestamente vigila el cumplimiento del código y si es necesario sanciona a los laboratorios que lo incumplen. Pues, con lo aburrido que parece el tema, resulta que esta comisión es una excelente fuente de diversión para una tarde de domingo, que recomiendo fervientemente: sus acuerdos públicos (que no todos lo son) son dignos de aparecer en “Celtiberia Show3. Para empezar no aparecen ninguna de las andanzas de mis conocidos (ni las presentaciones de productos en una estación de esquí entre descenso y descenso, ni las comilonas o cenitas sin motivo aparente en restaurantes caros - y tirando un poco a horteritas, todo sea dicho)… de eso no hay nada4.

Pero además en las “desviaciones” que sí aparecen y han sido denunciadas ante esta insigne comisión la mayor sanción que he encontrado es del estilo de “… se comprueba que la falta existió, y se acuerda (1) condenar al director de márketing del laboratorio a pagar unas cervecitas a todos los presentes y (2) hacerle prometer por Snoopy que no lo volverá a hacer tan descaradamente…”5

Lo peor, en mi opinión, es que hay cosas que a base de repetirlas, repetirlas y repetirlas parecen convertirse en “normales”. E igual que a muchos ciudadanos ya parece no preocuparles que los políticos roben “un poquito” parece que a algunos laboratorios o médicos…

¡Uy, no sigo! ¡No quiero ni pensar en como podría terminar la frase!

  1. Sin duda por eso del “there’s no such thing as a free lunch”, frase que viene como anillo al dedo.
  2. Y no sólo por cuestiones personales (… que también), sino además porque me parece mucho más compatible con el maravilloso, inconmensurable, “principio de parsimonia” (o “navaja”) de Occam.
  3. Están disponibles aquí, haciendo clic en “Acuerdos Comisión Deontológica”, a la izquierda)
  4. Ambos ejemplos reales y habituales, y ambos específicamente prohibidos por el Código de los Hermanos Grimm. Que me lo he leído.
  5. Vale: no es un ejemplo exacto, pero creo que reflejo bien la filosofía; seguro que el lector sabrá perdonar la licencia descriptiva.

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