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Pijos, bo-bos y bobos a secas
Tema: Madrid, Sociedad, VariosEl pijo: Ideas generales
Se conoce como “pijo” a una especie de mamífero bípedo que es capaz de intercalar las palabras “qué fuerte”, “sabes”, “o sea”, “súper” y “mega” más de 20 veces por minuto, en cualquier conversación y de forma espontánea. Es característica la combinación de estos vocablos entre sí (“es súper-mega-fuerte”, “o sea, qué fuerte”… etcétera), y muy habitual que lo hagan con una marcada rinolalia y una vocalización sui generis que incluye dificultades para pronunciar la b intervocálica1, tendencia a arrastrar las eses y una entonación descendente al finalizar las frases con prolongación de las vocales finales.
La pijez se manifiesta de forma especialmente intensa durante la adolescencia y juventud temprana, pero suele arrastrarse (en grado variable) durante el resto de la edad adulta; si bien es cierto que las alteraciones del lenguaje tienden a remitir con la edad, son compensadas por otras (vinculadas con la capacidad económica) que se intensifican.
Vemos a continuación un vídeo que ilustra gran parte de los conceptos anteriores:
Aunque hemos recurrido al vocabulario como instrumento para definir a los pijos también podríamos haber utilizado sus costumbres sociales, su vestuario o incluso sus nombres. Pero no pretendemos escribir aquí una enciclopedia de la pijez, así que dejaremos de lado lo relativo a sus costumbres y atuendos (bien conocido, y suficientemente documentado en otras páginas de la Red) y sólo mencionaremos que suelen llamarse Álvaro, Pablo, Ignacio (Nacho), Alonso, Jacobo, Gonzalo, Covadonga (Cova), Maria de los Ángeles (Marian), Elena, Natalia, Lourdes y Francisco de Borja (Borja); también abundan los apócopes casi imposibles y rozando lo obsceno, especialmente entre las pijas: Piyi, Chichi, Kika…
Tipos y variantes
La descripción anterior es genérica, y aunque en general es aplicable a todo pijo que se precie existen diversas variantes que poseen características propias. Hemos dicho antes que no pretendemos analizar todas y cada una de las características del mundo de los pijos y especies afines, y no entraremos en detalles sobre algunas de ellas (como los pijos aristócratas, los pijos nuevos ricos o los pijos quiero-y-no-puedo), que sin duda son interesantes pero cuyo análisis está más allá de los objetivos de esta entrada. Quizás otro día.
Aunque sin analizarlas en profundidad si daremos algún dato adicional sobre tres tipologías que me divierten especialmente:
El pijo-punk
Es el resultado de la (difícil) hibridación de un pijo urbano común con un punk.
Suele vivir de unos papás asquerosamente ricos y a veces separados. Por un lado eso le exime de cualquiera de los deberes consustanciales a su condición de adolescente (incluyendo el de estudiar) y de ciudadano (desdeña las normas); por otro le genera una cierta tendencia pendenciera. Le encanta demostrar que es un un rebelde y un inadaptado, y utiliza pantalones rotos y complementos punkiformes (pero de buena calidad) como pulseras, cinturones o mochilas llenas de pinchos (… recordemos que es muy duro y muy alternativo). No es difícil que sus adornitos incorporen una silueta del Che, unas hojas de marihuana u otros símbolos reivindicativos genéricos, comunistas o anarquistas; si se le pregunta qué son o por qué los lleva responderá de forma variable… pero siempre inconexa e insustancial.
Sus tendencias musicales son variadas pero dentro de una línea comun: Los más tradicionales se confiesan grandes devotos de Ramones (Les gustó Blitzkrieg Bop y queda muy alternativo) y los más avanzados “flipan” con Extremoduro o Marea - demostrando así a quien quiera escucharles su profundísimo conocimiento del movimiento punk. Muchos, la rama más rockera, se dicen seguidores del punk-rock (que también queda muy duro y muy alternativo) y están dispuestos a “alucinar” escuchando cualquier ruido infecto siempre que suene remotamente a punk y esté muy alto.
El pijo de campo
El “pijo silvestre” o “de campo”, también conocido como “cortijero”2 abunda en regiones agrícolas y ganaderas de estructura latifundista; por lo tanto es un producto típico del sur, el suroeste y el centro de España. Su familia tiene mucho, mucho dinero (en muchos casos más bien lo tuvo, años ha).
Son fácilmente reconocibles por su atuendo, que aunque sigue los dictados generales de la de los pijos, muestra una tendencia al color verde (especialmente en la ropa exterior, abundando la marca Barbour), los cuadros (especialmente en las camisas y los calcetines) y la pana (en los pantalones de invierno, que en verano llevan vaqueros de marca y un poco ceñiditos). Suelen llevar el pelo más bien largo y utilizan extensamente la gomina (prácticamente desterrada entre los pijos de ciudad), con la que hacen verdaderos prodigios tridimendionales: Un clásico entre los clásicos son los rizitos engominados en la nuca, que a menudo llevan incluso los que por edad (y genes) han alcanzado un grado de alopecia verdaderamente llamativo.
Los más mayorcitos tienen una fijación con los vehículos todoterreno, pero los jóvenes (que pasan más tiempo en la ciudad y están más influídos por los pijos urbanos) tienen un Audi A3, un Golf GTI… o sea, un coches pijo de-toda-la-vida.
No hace falta ni decir que son grandes aficionados a la caza, y los que salen listos estudian veterinaria o agrónomos.
Por cierto: a veces es difícil determinar la variedad exacta de un pijo en el entorno rural, pues mucho pijo urbano se disfraza de cortijero en cuanto sale de la M-50 (o equivalente en otras ciudades), generalmente con resultados patéticos.
El Bo-Bo o pijo bohemio
El “Bo-Bo” (del inglés bourgeois-bohemian), “burgués bohemio”, “burgués progre” o “pijo bohemio” es un pijo que niega serlo, pretende vivir como si no lo fuera y acusa de pijez a los demás. Le encanta llamar la atención y se gasta un dineral para llegar a ser un auténtico Bo-Bo y parecer un liberal, progre y moderno en vez de lo que es: un pijo. El pijo bohemio suele ser culto (aunque no tanto como quiere hacer ver) y tener un buen trabajo y una buena posición social (aunque no tanto como le gustaría). El pijo bohemio siempre te cuenta que el otro día estuvo en una en otra fiesta aburridííííííísima en casa de los Poláinez, en la que estaba todo lo más más de Madrid y a la que él no tuvo más remedio que ir; está encantado de haber ido y de contarlo, aunque lo niegue: unos más y otros menos, pero todo Bo-Bo tiene un ansia de reconocimiento social, un fondo encubierto de “parvenu”.
Todo Bo-Bo repite incansablemente que él “sólo ve la 2″3 y cuánto le gustó el “Ulises” de James Joyce4. Dice despreciar el “cine comercial”, especialmente si es norteamericano, y aprovecha la ocasión para hacer un alarde de su casi infinita esnobería y comentar con todos los que le rodean5 el indiscutible interés de las últimas películas Kazajas (Ah, pero… ¿no las has visto?), de la literatura Yemenita del medievo y de la nouvelle cuisine del Bhután6. Al pijo bohemio le fascina hablar de Chomsky (D. Noam), magnífico linguista e insoportable activista, el prototipo del capitalista voraz que dice luchar contra el capitalismo voraz y el perfecto ejemplo del “haz lo que digo y no lo que hago“7.
Visten con ropa muy cara pero “diferente”, y tildan de pijo al que lleva un polo y unos chinos del montón. Compran alimentos alternativos y a menudo abrazan tradiciones culturales atípicas, para demostrar que no están condicionados por sus orígenes burgueses. En sus casas abunda la decoración tribal (artesanía inca, tallas africanas, alfombras orientales… ); no viven en los barrios tradicionalmente elitistas (son demasiado burgueses para ellos y prefieren demostrar que están cerca de “el pueblo”) pero envían a sus hijos a colegios exclusivos para no estar demasiado cerca. A diferencia de los PPijos tradicionales los Bo-Bos suelen votar a la izquierda, pero aprovechan al máximo todas las ventajas fiscales que les concede la derecha8.
Viajan a paises lejanos antes de que lleguen las masas turísticas: En realidad los pijos no “van” o “viajan” a un sitio, como hacemos los mortales: ellos “se lo hacen”9. “En verano nos hacemos un Mongolia Exterior, porque el pasado nos hicimos la Micronesia y nos apetecía más el plan cultural”. Es imprescindible que los destinos suenen muy exóticos y muy originales: “Nos hicimos la ruta de los monasterios maronitas de la subsierra Somalí, en quad. Pero sólo fuimos a los construídos por monjes disléxicos, que los otros no valen nada”. El Bo-Bo tiene que transmitir que su plan de viaje es único, irreproducible, inalcanzable por los demás. Y “alternativo”. Y caro.
Mientras su 4×4 engulle litros de gasolina rumbo a un emporio del diseño (necesitan comprar una espátula de titanio para servir el arroz en la cena de esta noche) el Bo-Bo piensa con preocupación sobre el gran problema del calentamiento global. Mientras busca objetos tibetanos en tiendas especializadas (llevando una botas “alternativas” con las que se podría escalar el Everest) reflexiona sobre sus últimas inversiones. Paga 120 € por la espátula o 700 € por el amuleto budista, pero ni le hables de subir sus impuestos.
El Bo-Bo es b-o-b-o. Pero bobo perdido.
- Por ejemplo, convirtiendo “sabes” en “saes”. ↩
- Si el pueblo está en la España muy, muy profunda es posible que los paisanos aún le llamen “el niño pera”, pero es un término en desuso. ↩
- Aunque esto de “sólo ver la 2″ no es un rasgo definitorio de los pijos burgueses, lo dice mucha gente con otro perfil. Lo que sí es una característica común entre todos ellos es que casi nunca es cierto. ↩
- Uno de los libros más pijos (y más insoportables) de la historia de la literatura universal. ↩
- … y han sido lo suficientemente incautos como para sacar el tema… ↩
- Después de la cena para en un Vips a comprar “Piratas del Caribe III”, que acaba de salir. Por supuesto. ↩
- Esta máxima gobierna la vida de muchos Bo-Bos, así que no descarto que sea precisamente lo que les gusta de Chomsky. ↩
- Aunque, sinceramente, no creo que se les pueda culpar de esto. ↩
- Este “hacerse un país” es habitual entre varias especies de pijos, pero su uso en la práctica es directamente proporcional al grado de esnobería del hablante, y en esto los Bo-Bos se llevan la palma. ↩
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