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La increíble publicidad de los cosméticos: De reir por no llorar.
Tema: Escepticismo, Sociedad, VariosSiempre he tenido la sensación de que la publicidad de los productos cosméticos es un mundo aparte, diseñado por cerebros atípicos para… no sé muy bien para qué tipo de consumidoras. Eso me da más o menos igual (al ser hombre no estoy en el target), pero sí me preocupa sospechar que por algún motivo que ignoro está exenta no sólo de cumplir las reglas del sentido común sino también las definidas por la legislación española1. Tampoco es que este país destaque por la robustez de sus sistemas de defensa al consumidor (más bien todo lo contrario), pero hay cosas que ya “cantan” demasiado.

Ha superado mi paciencia una “noticia” publicada en la página 9 del Magazine del diario “El Mundo” de hoy, en la que se habla de la crema “Génifique” de Lancôme, y sin cortarse un pelo se afirma…
“Reactiva los genes”.
(…) Tras 10 años de investigación y 4.500 genes estudiados, Lancôme ha conseguido identificar todas las características de una piel joven y propone el antídoto para que las pieles maduras se regeneren antes: se llama Génifique, y produce proteínas de juventud.
Pero bueno, ¿estamos todos locos, o qué? ¿Qué puñetas es eso de “reactivar los genes”… y con una crema? ¿Qué demonios son las “proteinas de juventud”? ¿Cómo “produce proteinas” una crema? ¿O es que me perdí algo cuando estudié medicina?
No, no me perdí nada. Lo que pasa es que esto es una to-ma-du-ra de pe-lo.
Existen más ejemplos, casi infinitos; desafortunadamente no tengo a mano un Telva, Elle, Mari Claire o similar – que sería una verdadera mina para ilustrar esta entrada con sólo un poco de “corta y pega”. Pero tampoco son imprescindibles, más chocante aún resulta que la prensa supuestamente seria (El País, El Mundo y prácticamente cualquier otro diario) también pierda la olla cuando habla de cosméticos femeninos, cosa que hace a menudo en sus suplementos dominicales, y recoja las abracadabrantes afirmaciones de sus fabricantes sin inmutarse. Mardito parné.
Aún sin tener a mano la ilustre literatura de referencia antes citada pondré algunos ejemplos, encontrados en Internet y tomados de la publicidad oficial de los respectivos fabricantes:
- Future Solution de Shiseido está “elaborado a base de Chai-hu, microcápsulas de algas marinas y fragancia de una rosa exclusiva creada en el laboratorio espacial de la NASA” (que ahora se dedica a las horticultura, por lo que parece); suena a coña pero por lo menos no alegan efectos milagrosos, o si lo hacen no lo he leído.
- Y “L’Or de Vie” de Dior no se queda atrás. Contiene “polifenoles de los sarmientos de Chateau Yquem recogidos para Dior en invierno”, que (nos lo imaginábamos) “actúan directamente sobre la estructura de la piel” (¿Para qué vamos a andarnos con intermediarios si podemos hacer que los polifenoles esos actúen directamente sobre la estructura de la piel?). El oro del nombre, según ellos, es “la savia que circula por las viñas del famoso vino, del que se extraerán 10 moléculas que otorgarán a las cremas las propiedades anti oxidantes y regeneradoras de la savia de los viñedos”, bien conocidas de todos (digo yo).
- Kanebo se sale de la tabla, y por lo que veo es una seria candidata al próximo premio Nobel de Medicina: Su crema para ojos “Sensai Premier” “detiene el reloj biológico, traspasando las fronteras del ADN. (…) Su larga lista de ingredientes (extracto de seda Koishimaru, de tofu, de yuzu, de bukuryo, de kakyoku, carnitina…) potencian la producción de colágeno a la vez que continúan actuando los ingredientes específicos en la reparación y protección del ADN y la síntesis del ácio hialurónico”. Me deja sin palabras.
- Guerlain también podría hacer un favor a la humanidad dedicando parte de sus conocimientos a, por ejemplo, la curación del cáncer: parece que no andan muy lejos de conseguirlo, si tenemos en cuenta que su crema “Orquídea Imperial” tiene “extracto molecular de orquídea imperial”, que sirve ni más ni menos que para “preservar el funcionamiento óptimo de las células y mantener el nivel de las proteínas responsables de la protección del ADN”. Chúpate esa.
En fin. Prefiero no decir nada más, que me cabreo.
- En concreto las que marca la ley general de publicidad, 34/1988 de 11 de noviembre, que define como ilícita a la “publicidad engañosa”, es decir “la que induce o puede inducir a error a sus destinatarios (…).” ↩
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